martes, 13 de julio de 2010

En Cádiz

La ciudad de Cádiz en su casco antiguo ha supuesto una feliz escapada de una semana, es un excelente lugar para visitar en verano, ofrece una temperatura fresca y un viento intenso en ocasiones, pero cuando amaina es muy apetecible. Se respira un aire profundo y húmedo, como si el Atlántico se metiera por nuestras narices para expandir nuestros pulmones.
El horizonte manifiesta su curvatura planetaria, sí, el perfil de la Tierra que a mis ojos llegaba se veía redondo desde la balaustrada que mira a la playa de La Caleta. El faro, con los edificios a sus pies, es un atractivo bastión que puede hacer soñar ilustradas aventuras marinas. Había mucho pescado como guarnición y ¡paella con chorizo y jibia! – tenía buen comer-. La gente va sin prisa, es amable y es graciosa, por lo menos la que yo me encontré.
Posee una hermosa catedral, ondulada como las olas del mar, desde cuyas torres se observa agua por los cuatro costados, edificada en parte con sillares de piedra ostionera (roca con conchas incrustadas), es un proyecto de Vicente Acero, construida en el s. XVIII sobre los restos de la antigua catedral gótica que se destruyó en un incendio. En casi todas las calles se ven fachadas de casas señoriales, predominando las de decoración barroca. Son calles estrechas para hacer parapeto al viento y para aprovechar bien el suelo que no está en demasía. Contiene un gran número de plazas de todos los tamaños y un frondoso Parque Genovés, fortificaciones como el Castillo de Santa Catalina, un importante museo que alberga esculturas, pinturas y una gran variedad de objetos arqueológicos.
Mucho que ver y disfrutar en Cádiz, pero lo más importante es que he tenido la suerte de convivir con todos los que participamos en el Curso de escritura e ilustración de cuentos, impartido en la Universidad gaditana, ¡que mira al mar! Y esto ha sido todo un lujo. Sin duda que una semana en el sur de España, con buena gente, viene bien para dar un nuevo brío a los aspectos cotidianos.


Una porción del Balneario, el Castillo se Santa Catalina y los compañeros del curso, son las imagénes (playa de La Caleta en un día nublado) de la entrada anterior. Las fotos son de A. Díaz.

2 comentarios:

Poeta Carlos Gargallo dijo...

Queerida Rosa, ha sido un placer leer este post sobre Cádiz. Me ha traido nostálgia y bellos recuerdo. Mi padre, era de esa pequeña tacita de plata en donde quedan dormidas las barcas cuando baja la marea en su caleta. Un placer leerte, un abrazo.

Rosa Campos Gómez dijo...

Muchas gracias Carlos por tus palabras. Conocerás Cádiz bien (es un lujo) y formará parte de ti como todo lo relacionado con nuestros padres. Yo sabía de la importancia que supuso para la historia de nuestro país la apertura de miras de sus habitantes, factor fundamental para que se diera paso a la Constitución de 1812, primera de España y una de las más liberales de su tiempo. Aun conociendo estos datos y sabiendo que iba a un lugar que merecía visitar, me sorprendió su belleza mostrándose cercana, asequible, calando.
Un abrazo.