jueves, 1 de julio de 2010

INICIO

Iniciar algo es renovarse, y esto siempre ofrece perspectivas agradables.
Sirviéndome de la palabra me acerco a quien apetezca leer algunas de las que enebro. Y aludo al árbol en esta nueva andadura, porque ofrece un significado que embarga por su capacidad de unir, la tierra (lo material) con el cielo (lo intangible), lo concreto con lo abstracto, la renovación permanente a través de una actividad exuberante en según qué estaciones y sabia y vigorosamente discreta en otras, la facilidad de darse desde las raíces hasta las hojas, la estética de su belleza con la ética de su bondad, su luz y su sombra... Porque no es separación sino unidad, incluso de los opuestos, lo que declara el árbol, por eso ante su presencia me asombro y me recreo.


EL ÁRBOL DE LA VIDA
Me solazaré
con la sombra fresca del árbol,
y cuando a su copa suba,
me beberé
su luz a chorros.

Del Árbol de la Vida
yo me nutro.

                                         Rosa Campos

Con este poema se inicia el libro De Luz y de Sombra.

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