domingo, 8 de agosto de 2010

CONOCIENDO LORCA


Claustro de la iglesia de Santo Domingo, abierto a la calle, aportando armonía y equilibrio a las viviendas y a los viandantes.



He visitado Lorca por primera vez, había pasado por su territorio en varias ocasiones, siempre camino de Andalucía, pero lo que es pisar y recorrer sus calles no lo había hecho antes. Tenía ganas y he aprovechado un curso sobre museos arqueológicos para adentrarme en su casco urbano. Herminia, amable y acogedora, como buena lorquina, que conoce y valora su pueblo, ha sido fundamental para este recorrido breve y no obstante intenso.
Fue provechosa la tarde que por el programa del curso subimos al cerro, donde se ubica el castillo, una gigante fortaleza de época medieval -aunque es posible, según hallazgos, que existiera ya desde la Prehistoria-. Los restos y datos más abundantes que se tienen de este recinto parten del siglo IX. Hubo una fortaleza musulmana de la que quedan vestigios y sobre la que los cristianos, levantaron la que ha pervivido y de la que forma parte la torre Alfonsina, mandada construir por Alfonso X y la torre del Espolón también perteneciente al siglo XIII. En el mismo cerro se ubica el yacimiento de una sinagoga del siglo XIV -única conocida en Murcia- . Toda la alcazaba impresiona por la arquitectura de diferentes culturas que alberga en su amplia extensión.
A la bajada -concluido ya el programa sobre arqueología de la jornada- con las últimas luces del día, iniciamos nuestro paseo urbano partiendo del Porche de San Antonio, también conocido como de San Ginés, que abría paso a la ciudad desde la muralla medieval, posee forma de torreón porticado de planta cuadrangular con apertura de codo, de tradición musulmana, cuyo acceso presenta un arco apuntado construido en piedra sillar. Seguidamente penetramos por parte del barrio de la judería ubicado en la parte alta, extramuros del casco antiguo habitado por cristianos. Recorriendo las vías con construcciones religiosas y civiles dignas de ser observadas, llegamos a la Plaza de España bordeada de emblemáticos edificios de factura renacentista y barroca, como la imponente Colegiata de San Patricio -diseño de J. Quijano y fachada de José Vallés-; la antigua Casa del Corregidor, hoy sede de los Juzgados de Lorca, cuya esquina muestra un relieve realizado a mediados del siglo XVIII por Juan de Uzeta, en el que se insertan las figuras de los míticos fundadores de la ciudad, la del troyano Elio y la del griego Crota (o Croca) que se elevan a ras de las paredes en el punto en que éstas se encuentran, sobre ellos, en el centro, un sol doblando la esquina, uniendo cada muro; además de estas esculturas hay tondos, rocallas y cartelas que aluden al origen de la Ciudad del Sol y coronan la logia de cuatro arcos sostenida por tres pilares que contiene esta casa de enormes dimensiones. El Ayuntamiento -que ocupa el lugar de la antigua Prisión Real- posee una gran fachada porticada en sus dos plantas decorada por Uzeta. Las Salas Capitulares de la Colegiata también se encuentran mirando a esta plaza. Junto a todo este conjunto arquitectónico destacan – siendo consciente de que queda mucho por citar- las importantes obras que los mercedarios edificaron, como el Convento de la Merced para los varones y el de Madre de Dios de la Consolación para las mujeres; el Palacio de los Guevara , con fachada a modo de retablo y columnas en espiral; el Teatro Guerra, el más antiguo de la región (recuerdo a Cristina, compañera de estudios, que comentaba este aspecto de la cultura de su pueblo) diseñado por Diego Manuel Molina, inaugurado en 1861, y, actualmente con pinturas de Muñoz Barberán decorando el techo. Y la Casa del Huerto Ruano con su alzado que recuerda a la arquitectura de la Restauración de la Europa central del siglo XIX, exhibiendo una bonita baranda de cristal y bronce en su interior.
Bastantes iglesias; muchas casas solariegas, conservando algunas de ellas el ancho portón que permitía la entrada de los carruajes; numerosas plazas ajardinadas en su mayoría, con fuentes unas , con esculturas como la que homenajea a “La mujer bordadora” (que crea arte para los pasos Azules y Blancos de su Semana Santa), o con el voluminoso Ángel de la Fama que se ubicara hasta los años 80 del pasado siglo en la cima del imafronte de la fachada monumental de la Colegiata, pasando después de su descendimiento por exceso de peso a la Plaza Cardenal Belluga de la capital, hasta volver a su pueblo natal en la pequeña plaza del lateral de la Colegiata.
Y entre tanta e importante arquitectura están los grandes contrastes sociales a través de la historia de esta hermosa ciudad, acarreados por el dominio de las clases dominantes -cosa que no hay que olvidar según manifiesta Rosalía Sala Vallejo en Lorca y su historia (1998)-.

Perteneciendo a la misma región era un pecado ignorado el no conocer este lugar y parte de su historia, siquiera sea muy por encima.

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