domingo, 12 de diciembre de 2010

CONTENIDO


Una de las ilustraciones que acompañan al texto.



Al igual que hiciera los días de su presentación -en Cieza , Blanca y Calasparra-, incluyo el principio y el final del relato que consta de dos partes, dividida la primera en tres capítulos y la segunda en dos.

Primera parte

I


"Estaba cayendo la noche más larga del año sobre Nacera, uno de los pueblos más altos sobre el Mediterráneo al interior de la Región de Masclara. 
– Sólo faltan unas horas para saberlo –se dijo en voz alta Manuel mientras apagaba la luz de la lámpara de su mesilla y se arropaba hasta la altura de la boca para dejar vía libre al resuello de la nariz.
Cerró los ojos en busca del sueño, y aunque las doce de la noche ya habían dado, éste no aparecía. Le vino en cambio la imagen llena de vitalidad de su abuela Salvadora, en cuya casa se encontraba. 
Salvadora era una mujer “añeja”, como solía decir de sí misma, que todos los diciembres, procuraba reunir en aquel confortable hogar a su familia, formada por sus cuatro hijos, cuatro nueras y siete nietos. Cada uno de los hijos con sus familias vivían lejos del pueblo, en ciudades diferentes, y se reunían anualmente por esas fechas en aquella casa, la misma que les dio la bienvenida a la vida, ubicada en el ahora casi deshabitado pueblo. El mayor de los hijos era el padre de Manuel y éste, a su vez, era el mayor de los nietos. Quedó viuda cuando este vástago que iniciaba la última generación familiar contaba cuatro años, y aunque era una edad muy temprana, Manuel recordaba con nitidez a su abuelo, especialmente cuando, en su compañía, recorrían muchos rincones de los campos de Nacera, sitios que haría suyos, de su geografía íntima."


Y las palabras con que finaliza:



" Empezó a leerlo con urgencia, incluso antes de mirar la nota ya había adivinado quién lo había escrito, no en vano su trayectoria de investigador le propiciaba una intuición casi infalible.
Tras leerlo sintió que se esponjaba por dentro, después cerró los ojos y se emborrachó de recuerdos de los días con color de cielo vividos en el pueblo y de tantos otros días bañados en ese azul, que quien escribía aquello había tenido la suerte de gozar en su niñez. Días azules-de ternura, azules-lluviosos, azules-nevados, azules-de pan de higo, azules-de chocolate, azules-de sol, azules-de estrellas… "


Más una muestra de los versos que se incluyen como una de las consecuencias del tema del relato:


Canela en la leche
me pone mi madre
y azúcar de caña,
miel en las hojuelas
y un beso en la cara.
Así me alimenta
para ir a la escuela.



Esta ilustración corresponde a los versos de El otoño

El otoño
tiene como alfombra
crujiente hojarasca
que el aire la nombra
y mi pie la pisa
y después será
del árbol comida.


                         Rosa Campos

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