viernes, 15 de abril de 2011

LA HIGUERA DE CALASPARRA





Se merece el nombre con mayúscula, Higuera de Calasparra, los datos sobre una parte de su vida están publicados en la Guía del Viajero con el título Árboles, Leyendas vivas, editada por la ONG Bosques sin Fronteras. En este primer volumen se describen a 100 árboles del territorio español sobresalientes por su “belleza, dimensiones, historia o longevidad”, cualquiera de estos atributos los tiene esta higuera que se halla en un enclave especialmente hermoso, la presa de la Mulata, cerca de los Almadenes.

Su copa tiene una envergadura de 30 metros, y en su tiempo vivido (de 300 a 600 años) ha generado 633 anillos de crecimiento. ¡Cuántos días de sol, de lluvia, de viento y de frío habrán visto sus ramas! ¡Cuántos frutos, habrá cosechado!

¡Qué placer los higos de las higueras!, esos que han sido manjar en todas las mesas, pero especialmente en las de los pobres en tiempos aciagos, desde junio hasta octubre avanzado y prolongándose todo el año, ya secos, ya en pan de higo, para satisfacer necesidades de paladar y de hambre.

Mientras escribo esto me viene a la memoria la boca madura como un higo de la amada, ya madura, descrita en la novela Shiddhartha, de Hermann Hesse, que leía en mi adolescencia calasparreña. También me depara el recuerdo de “el enemigo disparando pan de higo” de Rosendo, y más… especialmente de un poema que siempre -desde que lo escuché recitar por la radio en esos años de transmutación de la edad del pavo- me gustó, el de la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou titulado

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

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