martes, 1 de noviembre de 2011

TAGORE

150 Aniversario de su nacimiento.




     EL ÁRBOL, de R. Tagore, fue otro de los textos poéticos que se leyeron en Calasparra el 2S (por la componente del Centro de la Mujer Ana Nadal, Cieza), y es un placer compartirlo con vosotros, junto a dos poemas más, permitiéndome además hacer un muy breve resumen de su trayectoria. Valga esta entrada como un pequeño homenaje a este gran hombre.


EL ÁRBOL

Viajero, escucha:
Yo soy la tabla de tu cuna, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa. Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con su canto tus horas y limpian de insectos tus campos. Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino...
Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama el aire a todas horas, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma. Por último, soy la madera de tu ataúd.
Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces, mírame bien, pero... no me hagas daño.



PERDÓNAME HOY MI IMPACIENCIA, AMOR MÍO…

Perdóname hoy mi impaciencia, amor mío.
Es la lluvia primera del verano, y la arboleda del río
está jubilosa, y los árboles de kadam, en flor,
tientan a los vientos pasajeros con copas de vino de aroma.
Mira, por todos los rincones del cielo los relámpagos
dardean sus miradas, y los vientos se yerguen por tu pelo.
Perdóname hoy si me rindo a ti, amor mío. Lo de cada
día anda oculto en la vaguedad de la lluvia; todos los
trabajos se han parado en la aldea; las praderas están
abandonadas. Y la venida de la lluvia ha encontrado en tus
ojos oscuros su música, y julio, a tu puerta, espera, con
jazmines para tu pelo en su falda azul.



SERVIR

Dormía, y soñaba
que la vida era alegría.

Desperté, y vi
que la vida era servicio.

Serví, y vi
que el servicio era alegría.


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Hace 150 años que nació Rabindranath Tagore (Calcuta, 1861- Santiniketan, 1941). Era el menor de 14 hermanos, su familia estaba consagrada a la renovación espiritual de Bengala. Se educó en un entorno culto y religioso. A los 17 años fue enviado a Inglaterra a cursar unos estudios que no concluyó. Supo extraer lo mejor de la cultura bengalí y de la inglesa, sin decantarse por completo por ninguna de las dos, creándose una singular identidad. Sufrió el dolor de la pérdida de su mujer y de tres de sus cinco hijos (dos niños y una niña).
Además de escritor fue músico, pintor y pedagogo. Fundó una escuela experimental en Santiniketan donde puso en práctica los ideales de una educación naturalista próxima a las corrientes krausistas de Alemania y la Institución Libre de Enseñanza de España. Daba clases a los alumnos por las mañanas y elaboraba los textos escolares por las tardes. Recaudó cuantos fondos pudo para la marcha de esta escuela, destinando, incluso, la cantidad que le dieron por el Nobel de Literatura en 1913 a ello. Esta institución es hoy conocida como Universidad Visva Bharati (‘India en el mundo’) y está a cargo del gobierno indio.
Tagore fue nombrado caballero por el Gobierno británico en el poder en 1915, pero al cabo de unos años renunció a ese honor en protesta de la política británica en la India. Fue amigo de Gandhi; de Victoria Ocampo (intelectual, ensayista y traductora argentina), quien realizaría una exposición de dibujos en París de este creador hindú; mantuvo contacto con Albert Einstein y con otras importantes personalidades. Viajó a numerosos países de diferentes continentes.
En el terreno literario, su producción poética es mayor, pero también son importantes sus novelas, ensayos, cuentos, diarios de viaje, teatro y canciones (letra y música en muchas de ellas). En sus textos queda un mensaje de entendimiento, de dialogo con el universo. Su obra es tan ingente que se calcula que para copiarla entera se tardarían 50 años trabajando 10 horas diarias. Entre sus títulos más importantes citaremos El cartero del rey, Cantos de la Aurora, Chitra, Ciclo de la Primavera, La máquina, Gora, La casa y el mundo, La luna nueva, El jardinero, Los pájaros perdidos, La fugitiva y Gitanjali, siendo esta última una de las que más influiría para que le concedieran el Nobel.
Zenobia Camprubí, esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez, tradujo las obras de Tagore al castellano, contribuyendo ambos a ponerlo de moda en España durante la primera mitad del siglo XX. En los años 70 y 80 sus máximas serían las que en nuestro país consiguieran popularidad: “No llores porque el sol se oculta, porque las lágrimas no te dejaran ver las estrellas” . "Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas". "Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad".



 Rosa Campos

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