sábado, 15 de diciembre de 2012

NEFELIBATA, de PASCUAL LÓPEZ SÁNCHEZ




Nefelibata, de Pascual López Sánchez (Cieza), poeta y médico, es el nº 10 de la Colección Acanto  que edita La Sierpe y el Laúd.
En los veintisiete poemas que integran el texto poético se percibe con claridad  el olor a lo cercano, siendo así -y de nuevo- la literatura vehículo de aromas que nos conciernen individual y colectivamente. El autor nos habla de la gente que le rodea y le motiva, de su interés en la proximidad con el otro, de  la introspección consigo mismo, y de la huella indeleble  que otorga la orografía de origen. Nos dice de la naturaleza en suma, a la que toma para devolvérnosla entre metáforas y reflexiones, mostrándonos  la vida con un mirar -el suyo- que es profundo, y a la vez, sencillo y grato de hacerlo también nuestro.

Dos dibujos  de Joana Canelas forman parte de este poemario.  

Nefelibata es un adjetivo  con el que se define a una "persona soñadora, que anda por las nubes", como dice el DRAE,  y que, como explica el propio autor, no se corresponde con su manera de andar por la vida, ya que él pisa tierra y le gusta andar poniendo los pies en ella. Sí es uno de sus poemas : 

17. Nefelibata 
(fragmento)

Ahora hay bastante silencio
y se puede andar por las nubes
sin riesgo de caer…
Se puede, si se quiere, cabalgar a galope
sobre pétalos de rosas
dejando descansar a los corceles.
Y navegar, incluso, remando
 desde las sonrisas
para llegar donde habita la esperanza.
Se puede luchar un poquito,
sin pretensiones,
 para usar la pluma –como si fuese tu mano-
para engendrar poemas
que sean inquietantes voladores,
como luceros secuestradores de sueños.

Y se puede ser un poco loco:
hijo de un matrimonio de conveniencia
entre la hormiga y el universo
-donde la hormiga ganaría luz
y el universo sentido del deber-.
 (...)


25. ¿Cómo lloran los hombres?

Los hombres lloramos en las esquinas
y, aveces, en los arenales del silencio
-donde los suspiros del mar puedan recoger las lágrimas-.

Pero eso no es cómo sino ¿dónde?

Por eso los hombres lloramos
 en los entierros de los grillos:
cuando los saltamontes entonan su oración
buscando un cielo
nosotros le ofrecemos la ternura de nuestras almas.
Y, a veces, nuestro llanto
tiene la respuesta de sus besos:
Se ponen en fila inda y llaman a nuestras mejillas
para libar nuestra compasión.

Pero está claro, eso no es cómo
 sino con quién…

¿Cómo lloramos pues los hombres…?
¿Cómo dejamos nuestras lágrimas al viento…?

Pues generalmente no lloramos;
nos viene una pena o una alegría según cómo y por qué
amanezca con o sin sentido,
nos bese o nos desprecie el sol
y la nieve nuble nuestras alas o refleje, sólo refleje,
una canción de amor que creíamos olvidada…

Y entonces, sin llorar, lloramos,
como las hormigas cuando se les muere la reina
o como los caracoles cuando se enteran
de que no hay cielo,
y de que por más despacio que vayan
sólo conquistaran una mata de romero
o una caña de bambú…

Y entonces, sin llorar, lloramos,
buscando la ternura de aquella mano que perdimos
en los confines de una duda.

Dos muestras  de los versos de Pascual López Sánchez  que forman parte de este nº 10, editado por el Grupo de litratura La Sierpe y el Laúd.

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