domingo, 3 de febrero de 2013

ACORDEONISTAS
















Fachada de la Casa de las Artes y la Música
Cieza


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 EN EL VIVIR

Acordeonistas

NOTICIA DE OPINIÓN DE ROSA CAMPOS

La vida cotidiana es más atractiva de lo que podemos atisbar las más de las veces, en ella son muchos los hilos que se van moviendo para que algo vea la hora de acontecer, esto es...

...
Y por que creo interesante contar algo  sobre el devenir del instrumento que tocan quienes han ocupado las líneas de Acordeonistas me he atrevido a hacer

 
Un resumen "muy resumido" de la historia del acordeón


     El acordeón es un instrumento musical de viento. Un aerófono portátil con dos teclados verticales de teclas libres que se articulan simultáneamente por ambas manos, y provisto de dos cajas armónicas colocadas a la derecha e izquierda del fuelle que lo acciona. En el interior de la caja –por la acción del aire a presión— vibran dos sistemas de lengüetas metálicas.  Sus raíces están agarradas a tierras chinas (3.000 años a. C.) cuando se creó el “Sheng”, un instrumento cuya lengüeta libre, de caña de bambú, vibraba con el viento que se soplaba a través de ella. Este tipo de lengüetas (que más tarde serían metálicas) influyeron mucho en toda Europa y América en la creación musical. Posiblemente fue Marco Polo quien, en el siglo XIII, a la vuelta de sus viajes introdujo el “Sheng” en la Europa occidental, y, quizás, los tártaros en Rusia –otras fuentes dicen  que fue el padre Amiot, misionero jesuita en China,  que al volver a Europa a finales del XVIII trajo este sistema de lengüetas libres, primero en París y después en Rusia—. Esto pasaría a Alemania, donde Buschmann, un relojero de 16 años, que también arreglaba órganos,  uniendo lengüetas de tubo creó la MundarmóniKa en 1821, a la que  se le añadiría posteriormente un fuelle para facilitar la ejecución (se dice que éste fue el origen del acordeón). La idea parece ser que la tomó el austriaco Demian Cyrill, quien la desarrolló hasta llegar al acordeón, patentándolo en 1829, en Viena. Ese mismo año, en Londres,  Wheatstone crea la concertina –de donde derivará el bandoneón, perteneciente a la misma familia de instrumentos de lengüetas libres—. En 1832, en París, Reisner abre un taller de acordeón, publicando seis años más tarde el primer método de estudio. A mediados del XIX Bahuer le pone teclado.  Durante los siguientes veinte  años, debido el romanticismo imperante, su música sensual  es muy seguida por las clases altas de la sociedad. Se generaliza el uso de acordeones de botones  y de teclado. Será a partir de 1890 cuando empiece a popularizarse;  y, si hasta entonces había sido el mercado francés el mayor productor y exportador, ahora tendrá como competidores  a los  alemanes (importante M. Hohner, empresario de instrumentos musicales, que creó una compañía muy  reconocida, vigente en la actualidad); y  a los italianos (destacando  P. Soprani,  que reformará  el mecanismo de la “caja sonora”  que deja en su casa un mendigo, creando un importante taller de fabricación).  En Rusia se utilizará el acordeón de botones (el bayan ), que, al dársele desde el principio la misma importancia que a cualquier otro instrumento musical  de los denominados clásicos,  ha generado una serie de compositores de la más alta calidad, entre ellos A. Kusiakov, V. Solotarev  y S. Gubaidulina.

      Los obreros y campesinos europeos que emigraron a América a principios del siglo XX, introdujeron  en sus tierras este instrumento, siendo Argentina y México dos buenos exponentes . Los habitantes de los pueblos guaraníes   adoptaron con rapidez el acordeón porque tenían una sensibilidad muy acusada hacia su sonido, por su similitud con el producido por una especie de órgano con fuelle, que  llevado por los  misioneros jesuitas españoles mucho tiempo atrás, estaban a acostumbrados a tocar.

      En España –Juan Moreno construirá el primer acordeón en 1841— tendrá una aceptación muy importante  desde la segunda mitad del siglo XIX, contando con buenos artesanos –llegando a importar, porque no se daba abasto a construir—. Su uso decaerá a  mediados del XX (excepto en Euskadi), llegando a ser desprestigiada su música, y especialmente denostada por la Iglesia por ser proclive a incitar especialmente a los bailes “agarraos”;  adquiriendo el apelativo de “fuelle del infierno”.  Desde los años setenta del pasado siglo el acordeón está volviendo a recuperar el lugar que le corresponde, siendo muchos los nombres actuales que destacan, como el de Jorge Megina, que está llevando a cabo una importante labor de difusión.