miércoles, 11 de diciembre de 2013

En REVISTA MEDIEVO: VI FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA `VILLA DE CALASPARRA´

  En MEDIEVO. Revista de Historia  

 VI FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA “VILLA DE CALASPARRA”

Rosa Campos Gómez



       La música ha dinamizado desde tiempos remotos la vida en Calasparra.   El ritmo – tanto en lo duro como en lo blando de la vida– es consustancial a sus habitantes, por eso no causa extrañeza la gran variedad de ofertas musicales que da. En este contexto surge el Festival de Música Antigua “Villa de Calasparra”, celebrado este 2013 entre los días 26 y 27 de julio. Es el único de estas características que se lleva a cabo en la región,  siendo un referente nacional que nos acerca a músicos actuales con composiciones de un ayer multicentenario, indagando en las raíces musicales de Europa.  Se ofrece dentro del programa de las fiestas patronales en honor a San Abdón y San Senén,  denominadas de “Los Santos Mártires”, celebradas a finales de julio ya desde su origen, en el último cuarto del siglo XVI.   
      Este año, el festival  se ha podido realizar gracias al empeño de sus organizadores: el Ayuntamiento y el Ensemble `La Danserye´,  más la colaboración de la Fundación Cajamurcia, ya que –según dijo el  alcalde,  Jesús Navarro– a pesar de los malos tiempos económicos que se están viviendo, supone un compromiso ineludible llevarlo a cabo, aunque se haya tenido que reducir a tan solo dos días,  porque  ante la crisis, y como una vía para salir de ella, es importante apostar por la cultura. 
    El programa contenido en esta sexta entrega del festival era el siguiente: Manuel Vilas, arpa de dos órdenes; viernes, nueve de la noche. Verónica Plata, tiple; Ignacio Portillo, guitarra barroca; Manuel Vilas, arpa de dos órdenes; y  Ensemble `la Danserye´ grupo instrumental; sábado, nueve de la noche.


El lugar          
                                                                         
        Partimos desde Cieza para asistir a la primera cita de las dos que constaba el festival –sólo  pudimos ir una noche; la  del 27  correspondió a la vela de alguien muy próximo, a quien la muerte se apresuró a arrebatar–.  Llegamos poco antes de que la tarde diera paso al crepúsculo. Había buena zona de aparcamientos en los aledaños del Colegio  Nª Sª del Sagrado Corazón, a pocos pasos de El Molinico –edificio  renacentista, adquirido por el Ayuntamiento en la década de los ochenta, convertido tras su restauración  en un centro que alberga entre sus estancias  a tres instituciones: el Museo Etnológico, la Fundación Emilio Pérez Piñero, y el Archivo Municipal–, llegamos a la Calle de los Santos donde, en una de sus aceras, se esparce la bien cuidada ladera de la elevación donde está ubicada la ermita, cuya primera construcción (1604) se debió  a Pedro Fernández de Orozco y  Mari Ruiz. Tras ser demolida se vuelve a construir, abriéndola en 1803, siendo esta edificación –con sucesivas restauraciones, la última en el 2006–,  la que nos llega hasta hoy. En ella, además de las imágenes de los Santos Mártires –las tallas actuales son obra de José Dies (1942)– se halla una importante colección de escultura religiosa; procesionando muchas de estas imágenes en la Semana Santa local. 
      Nos encontramos con bastante gente en la placeta, que  esperaban  el inicio del concierto o que simplemente tomaban el fresco que anunciaba la llegada de la noche. Al fondo, a  pocos metros más allá del lateral derecho de la iglesia  se encontraba, en su actividad permanente,  el Monumento al Espartero (2005), obra realizada por Amando López Gullón.
  El interior de la ermita, fresco y blanco, bien decorado con motivos florales, nos recibió con la sutileza que guardan los sitios  sencillos  y, por lo mismo, buenos acogedores.
                                                          

   Manuel Vilas 

    El director del festival, Manuel Pérez Valera, al hacer la presentación, tuvo unas palabras en memoria de los desaparecidos en el accidente de tren ocurrido en Santiago de Compostela, ciudad de Manuel Vilas (1966), músico, investigador y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela y en el Conservatorio Superior de Zaragoza.  Vilas ha trabajado junto a variadas voces, grupos y orquestas. Se formó para el arpa de dos órdenes con Nuria Llopis, y, posteriormente, con Mara Galassi estudió el arpa doppia italiana –se enorgullece de haber tenido a estas dos maestras–. En 2010 fue premiado en Holanda, junto a la mezzosoprano Marta Infante, por la grabación de unas cantatas como uno de los mejores discos de ese año. Además de en numerosas ciudades españolas ha actuado –e  impartido clases en muchas de ellas– en casi todos los países europeos, así como  en EE UU, México, Cuba, Bolivia,  Argentina y Chile.
     Esa noche, entre la ejecución de cada una de las piezas –con un arpa, copia exacta de una de las pocas que hay en toda España–, Vilas nos iba ilustrando sobre la historia que envolvía a cada una de las partituras, sobre los entresijos técnicos del valioso instrumento que tenía entre manos, y sobre la fértil historia de los días de rosas que vivió siglos ha.  Supimos, los profanos en la materia, que es definida arpa de dos órdenes  por las dos hileras de cuerdas entrecruzadas, equiparables a las teclas –blancas y negras- de un piano, que articulan el sonido; la madera es de nogal principalmente, pero también participa el  cedro y el ébano; la caja de resonancia está forrada con un lienzo de lino,  la tabla armónica va perforada con unos orificios con celosía decorativa, que definió como oídos, y a la cual se fija el entramado de las dos hileras de cuerdas de tripas de cordero curtidas, que se sujetan a la consola mediante las clavijas. Es un instrumento musical autóctono, que nace hacia la mitad del  XVI y se extiende hasta mediados del XVIII, de los más utilizados en la España barroca, teniendo una alta valoración para el arpista; comentándonos, como anécdota, que entonces se pagaba como tres veces más al músico especialista en este instrumento que al escultor que trabajaba para las  fachadas de catedrales. Se tocó tanto en espacios sacros como en profanos. Actualmente se conservan como oro en paño –en museos o colecciones privadas–unos doce instrumentos originales.
     Desde el arpa de dos órdenes, esa noche, cobraron vida partituras, piezas que se tocaban en palacios, salones, fiestas privadas, tabernas y saraos, impregnando el ambiente con en el ritmo de danzas y de entretenimientos que se creaba varios siglos atrás. La buena acústica  de la ermita hizo que nos llegara al público asistente la magnífica actuación de Manuel Vilas, dejándonos con ese sabor sonoro que incrusta la buena y bien trabajada música.
                
    
Ensemble `La Danserye´

     Al no poder acudir el día 27 por la razón citada anteriormente, no me es posible describir las  obras que ofrecieron con  voz e instrumentos los músicos esa noche, que, a buen seguro, sería tan brillante como la primera.  Sin embargo, por considerar importante toda la actividad tanto musical como por ser unos de los principales motores de este festival desde el 2008, en que inició su andadura, se hace necesario hablar –escribir en este caso– ligeramente sobre  el grupo La Danserye, especializado en el estudio, difusión e interpretación de música antigua con el fin de promocionarla y darla a conocer  desde los periodos de la Edad Media al Barroco, dentro de una corriente historicista que permite reconstruir las melodías de ese tiempo con instrumentos originales o reconstrucciones  fidedignas de los mismos. En su página oficial (www.ladanserye.com) hemos encontrado las siguientes palabras que bien lo definen: “…un grupo que intenta divulgar la música desde la Edad Media hasta el primer Barroco, centrándose sobre todo en el Renacimiento. Se trata de acercarse a lo que en la época se llamaba `ministriles´, es decir músicos de viento, que desempeñaban diversas funciones en el mundo musical renacentista”. Este grupo instrumental se fundó en 1998, y está integrado por cuatro hermanos: Juan Alberto, Luis Alfonso, Eduardo  y Fernando  Pérez Valera (director del grupo); aunque circunstancialmente ha contado/cuenta con otros integrantes como, Ignacio Portillo Alcalde, Diego Sánchez Moya y José Gabriel Martínez Gil. Trabajan con  cornetas, chirimías, trompeta barroca, bajón y bajoncillos, flautas dulces, orlos, gaitas y sacabuches.  Cada uno de ellos es réplica de instrumentos originales de los siglos XV, XVI y XVII que se conservan en museos y catedrales.  Los hermanos Pérez Valera estudiaron desde pequeños en la Escuela Municipal de Música de Calasparra, perteneciendo a su Banda, pero en Música Antigua parten de una formación autodidacta, sobre todo porque no era fácil encontrar academias en las que se  impartiera, cosa que actualmente  sí se da, gracias al gran auge que va adquiriendo esta especialidad, de la que también han pasado a impartir clases.  Son, además de artistas, verdaderos artesanos en la reproducción/fabricación de  variados instrumentos de viento medievales, renacentistas y barrocos. Cuentan con una nutrida discografía. En sus actuaciones reproducen, además de la música, el vestuario, previo estudio en documentos y en fuentes musicales e iconográficas  de la época sobre la que interpretan.
    Han actuado en eventos organizados  en casi todas las capitales de la geografía española; también en México y París.  Y volviendo a terreno más cercano,  diremos que en Cieza  se les recuerda con  cariño debido a su actuación en la Basílica de la Asunción y a las varias veces que lo han hecho en el Museo de Siyâsa.
        La dedicación, desde tan plurales ámbitos, que el Ensemble `La Danserye´ le depara a la Música Antigua,   aportándonos  una   rica inmersión en  nuestras raíces histórico-musicales, les hace, por parte de quienes la recibimos,  merecedores   de gratitud , admiración y respeto.


El paso de la noche
     A la salida, impregnadas de esa alegría añeja, graciosa y relajada con que nos envolvió el concierto de arpa, acudimos a la corredera, donde nos sentamos cerca de la fuente, construida en tiempos de Carlos III; allí tomamos, entre otras cosas, el rico granizado de horchata de almendras, típico de Calasparra.  Después recorrimos la Calle Mayor (Casa Granero / Museo del Arroz. Torre del Reloj), llegamos a  la Plaza de la Constitución (Pósito de la Encomienda/ Museo Arqueológico/ Sala de Exposiciones El Comendador. Iglesia de San Pedro…), pasamos junto a la casa donde vivió el arquitecto Pérez Piñero, recorrimos unos metros de la Gan Vía Vieja y allí nos paramos;  desde la Era nos llegaba el rumor lejano del XVII Cuervarrozk: era la hora en que arrancaba otra importante y arraigada oferta musical calasparreña, cuya recaudación íntegra iría solidariamente destinada a FundAme.  Por razones de horario no nos pudimos quedar. Nos volvimos sobre nuestros pasos –mientras yo, conmovida, me llenaba de recuerdos a borbotones de lo vivido en mi pueblo– hacia donde habíamos dejado horas antes los vehículos. Todo el casco histórico  nos amparaba en esa noche en que los sonidos aún nos envolvían el ánimo, y la luna que imperaba todavía, no había alcanzado de pleno el perfil de su cuarto menguante.




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Finalizaba julio cuando un grupo de amigas   acudimos a escuchar el VI Festival de Música Antigua  `Villa de Calasparra´. Fue todo un regalo para nuestros oídos.  Sobre aquel acontecimiento escribí un artículo que se ha publicado en  Medievo, nº 19, revista de historia dirigida por Alexander Copperwhite y editada por  la Asociación de Divulgaciones e Investigaciones  Históricas (ADIH), que preside  Antonio Galera.


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