martes, 21 de agosto de 2018

RESEÑA DE MÍRIAM CANO MOTOS: "CRUZAR EL RÍO, UNA GRAN NOVELA..."

Míriam Cano Motos escribe sobre Cruzar el río:




Cruzar el río, una gran novela de Rosa Campos, publicada por Editorial Tres Columnas.

He leído “Cruzar el río”, de Rosa Campos, amiga nacida en Calasparra, pero ciezana de corazón tras muchos años viviendo en mi pueblo natal, y me ha re-movido y con-movido tanto su lectura que emprendo la tarea de poner mis ideas en orden y compartirlas con quien quiera leer estas líneas.  

Cruzar el río, como toda buena novela, tiene muchas lecturas. La más evidente, volver al pueblo desde la gran ciudad, porque la crisis ha dejado sin trabajo a la protagonista, con dos hijos a su cargo, y la única salida para ella es vivir en la casa de su infancia, la casa de su padre en el pueblo natal, quien a su vez años atrás había cruzado el río tras enviudar para ir a vivir con la hija y los nietos a la ciudad.


Al inicio de la novela cruzan el río, regresando los cuatro al pueblo, con actitudes muy diferentes. El abuelo, con la alegría de volver a su casa, a su huerto, a su entorno, a sus viejas rutinas. Amalia, la protagonista, con sentimiento de fracaso por no haber podido salir adelante en la ciudad, y con miedo ante un futuro incierto. Desta, la adolescente hija mayor, lejos del significado de su nombre completo, Modesta, afronta con aires de grandeza los iniciales contactos con las compañeras y compañeros de clase, a quienes ve demasiado paletos para ella. Su hermano pequeño, un niño todavía, no parece muy consciente al principio de que viene indefinidamente, y lo vive como si fuera un viaje o una aventura liberadora, al comprobar las ventajas del pueblo, donde puede corretear solo o con niños de su edad por las calles, cosa impensable en la ciudad.


Pero después de ese primer cruce, obligado por las circunstancias, Rosa se adentra en el meollo de la novela, y nos va contando cómo cada personaje cruza de nuevo el río de los prejuicios, de la distancia emocional, de los miedos, de los malentendidos, de los silencios… Cruzar el río es, en la novela de Rosa, ponerse en el lugar del otro, ver la realidad desde su orilla, y comprobar que no se ve igual desde la nuestra. Cruzar el río es vencer los obstáculos, los que nos ponen los demás, pero también los que nos ponemos nosotros mismos a base de temores, complejos y remordimientos. Y no sólo cruzan ese puente los protagonistas. También los vecinos, que los vieron marchar hace muchos años y los han visto regresar ahora, cruzan puentes por encima de la desconfianza y los resentimientos.
 
Cruzar el río es tender puentes, y reforzar los que existen, transitándolos en busca de comunicación, de dedicación mutua, de solidaridad. Es sentirse útil ayudando a otros, pero también dejarse ayudar, algo infinitamente más difícil. Cruzar el río habla de los cuidados, de esa urdimbre tejida con amor y entrega que amalgama las familias y sostiene el mundo. Habla, por lo tanto, de nuestras abuelas y nuestras madres, y de muchas mujeres de mi generación, y más jóvenes, que trabajan muchas horas al día en el hogar sin compensación alguna, tengan o no un trabajo remunerado fuera de casa.

Cruzar el río es reinventarse, descubrir en nosotros y en nosotras habilidades, capacidades y fortalezas que no sabíamos que teníamos o habíamos olvidado, y desempolvar sueños y metas que nunca nos han abandonado, aunque los hayamos arrinconado durante un tiempo. La propia Rosa se reinventó tras criar a unos hijos maravillosos, y yo misma me descubro revisitando los paisajes y afectos de mi infancia, desde la gran ciudad en la que vivo, porque una posible prejubilación en años próximos me obliga a replantearme que haré con mi vida cuando el trabajo no me condicione. No somos los mismos cuando cruzamos el puente de vuelta, como tampoco es el mismo río el que cruzamos cada vez, como bien viera Heráclito. Es el mismo cauce, pero el agua es siempre nueva, y viene mansa unas veces, revuelta otras, escasa muchos días y desbordándose de vez en cuando. Como nuestras vidas. Por algo Jorge Manrique cantó en sus famosas coplas que “nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”.

Cruzar el río es también, para la protagonista madre, retornar a los años jóvenes, rememorar antiguas emociones, reencontrase con personas a las que quiso mucho y descubrir que esas personas, por quererlas, se quedan para siempre en nosotros, y sólo hay que quitar las telarañas del corazón. Y para la protagonista hija, en cambio, cruzar el río es mirar al futuro, dar el salto hacia la madurez, dejando atrás la infancia, habiendo aprendido que nadie vale más o menos por dónde viva o cómo vista, sino según el amor que comparta con su gente.

Cruzar el río es, en definitiva, no vivir aislados, pues eso no es vivir. Cruzar el río es tener empatía, encarar el futuro con alegría y esperanza, y abrirse a los demás, a quienes merecen la pena, que son, siempre, las personas que cuidan, que comparten, que tienden puentes y cruzan ríos.
Rosa, mi amiga, es una de esas personas.
(Artículo publicado en su página de Facebook el 13/08/2018.)


 Todo mi agradecimiento a Míriam Cano Motos, ciezana afincada en Madrid, amante de la lectura (como buena Lcda. en Filología Hispánica) y de la cultura en general, y querida amiga, por sus palabras y por las fotografías en la que junto a Cruzar el río vemos su amor a Cieza en las obras que atesora con enorme cariño de esta ciudad que forma parte de su identidad. El que en ellas esté reflejado el casco antiguo de Cieza y la industria del esparto, al igual que también lo están en el contexto de la novela, es muy emotivo y me alegra.








domingo, 19 de agosto de 2018

DÍA MUNDIAL DE LA FOTOGRAFÍA 2018


Hoy se celebra el Día Mundial de la Fotografía, esa maravillosa práctica que capta buena parte de lo que el ojo ve y lo eterniza.



Comparto este interesante (y breve) vídeo realizado por Sara Alarcón, preparado con subtítulos en español e inglés.
Feliz día, felices días...



sábado, 11 de agosto de 2018

"ROSA CAMPOS GÓMEZ: `CRUZAR EL RÍO´ ", RESEÑA DE MARÍA JOSÉ CÁRCELES




María José Cárceles ha escrito sobre Cruzar el río



Rosa Campos Gómez: "Cruzar el río"

Hace algún tiempo que la lectura de un libro no me conmueve, anoche reviví esa sensación, comencé de madrugada a leer “Cruzar el río” de Rosa Campos Gómez. Ed. 3 Columnas. Y a las 06´20´´, despuntando el alba, he concluido su lectura, toda de un tirón.
En esta obra está reflejado el carácter amable y educado de su autora, pero también su valentía reivindicativa y real sobre la situación de la mujer en diferentes etapas de la vida y en años pasados y presentes. La inteligencia y cultura de Rosa Campos queda patente en el hilo conductor de su libro, desde el principio hasta el final, adornado con metáforas medioambientales, descriptivas del lugar donde se encuentra, y es aquí donde tengo que añadir que Segisa es cualquier lugar del mundo, es el pueblo de mi abuela, el de mi madre, es mi barrio en el centro de mi ciudad, el mundo está lleno de Segisas, donde las vidas avanzan lentamente y cuando se da un paso hacia delante, en un instante, en un momento cualquiera y sin aparente motivo, se dan tres pasos hacia atrás, eso, por desgracia es así.
Cuando estaba leyendo este libro me venía a la mente situaciones de personas que conozco o conocí y que vivieron historias parecidas, historias que dejan hondas marcas. 

“Cruzar el río” es algo tan sencillo y a la vez tan difícil y duro, como la vida misma. 
Rosa ha tocado un tema que a muchos le costará entender, y digo esto, porque sólo aquellos que tenemos cierta edad y hemos vivido o hemos conocido a mujeres que intentaban salir hacia delante en un mundo de hombres, hecho a la medida para ellos, era poco menos que imposible, y además, hay que añadir que la mujer siempre ha sacrificado su vida para empoderar al hombre con el que comparte sus días, eso, eso creo que lo hemos vivido todas.
La edad aquí sí es importante, no es lo mismo que lea este libro una persona joven nacida en la democracia y con derechos, que una mujer que tuvo que luchar por la igualdad y por su lugar en un mundo donde ser mujer era ser ciudadana de segunda o…
No quiero decir con esto que los jóvenes no entiendan esta lectura, no, ni mucho menos, pero sí quiero decir que muchas mujeres no podremos evitar que nuestros pensamientos se llenen de recuerdos propios o ajenos (pero cercanos). Es como tener un flashback y en ocasiones acompañados de un déjà vu.

Amalia es una heroína, hay muchas Amalias por el mundo, pero su hija Desta, también es muy valiente, a otro nivel.
Rosa nos conduce por la vida de muchas vidas, ninguna de ellas es fácil, y utiliza un recurso muy interesante para darnos oxígeno, lo hace a través de la voz de Desta en su diario, se agradece. Las luchas internas y ahogadas de los personajes en esta novela, son la cruda realidad.
Quienes me conocen saben que soy lectora desde la infancia, y que vivo rodeada de libros, regalo libros, amo los libros y, a pesar de haber leído tanto y muy bueno, a pesar de haber escrito mucho, todavía no he escrito una novela, y posiblemente sea incapaz de hacerlo algún día, por eso, he de decir, que algunos se creen eruditos por haber leído mucho, por hacer poesía que sólo unos pocos escuchan y leen, por escribir algún relato, artículo… pero lo que de verdad hace a un escritor es dar el gran salto, subir de nivel en el mundo de la cultura y la literatura, esa es la diferencia entre un escritor y un aspirante a serlo, escribir una novela o varias. Enhorabuena, Rosa, “Cruzar el río” es muy difícil, pero para vivir hay que intentarlo.
(Artículo publicado en su página de Facebook el 10/08/2018)

Todo mi agradecimiento a María José Cárceles por escribir este artículo, también por su sens
ibilidad y apuesta por una sociedad con igualdad de derechos entre mujeres y hombres, algo que siempre demuestra en su trabajo en los medios de Comunicación.



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Cruzar el río – Rosa Campos Gómez
Editorial Tres Columnas – 2018
N.º de páginas: 214 
Medidas: 23x15