miércoles, 14 de agosto de 2019

XXX SEMANAS DE CINE MÁGIKO





Mañana empieza la XXX Semana de Cine Mágiko, en ese lugar, Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, tan especial y querido por quienes disfrutamos del amplio abanico cultural que ofrecen. 


Recuerdo muchas noches de otros años viendo películas de flamante factura, y en ocasiones de antigua, en pantalla grande, movible a veces por esa brisa que acaece para refrescar las horas en que acudimos a su espacioso y entrañable patio, pero en especial, recuerdo una del año pasado, en la que, paradójicamente, no pude acceder a él, ponían La Librería (Isabel Coixet, 2017).
Era lunes. Iríamos (mi familia) con casi tres cuartos de hora de adelanto (queríamos coger buen sitio e imaginábamos que habría concurrencia), cuando desembocamos de la calle Reyes Católicos a la General Espartero, ya observamos que a lo lejos, en el cruce con la calle Pablo Iglesias, se veía bullicio de gente, cuando llegamos a la cruz de las dos vías comprobamos a que se debía…, no quedaban entradas, aun así se había formado una cola apretada por si se podía ampliar algún hueco con algún sillón más, o por si alguien faltaba; a ella nos sumamos y esperábamos sin pena y con esperanza que nos pudiera tocar en esa lista. Cuando nuestro punto en la fila sobrepasaba un poco la nueva puerta de acceso al Museo del Esparto, salieron de nuevo informando que ya era imposible encontrar uno de esos sillones blancos ligeros de peso, tan prácticos… Solo entonces nos fuimos desgajando de esa cola plácida que formamos, en la que hablamos con personas que hacía tiempo que no nos habíamos visto o que no lo habíamos tenido de echar una “charraica”, por esas prisas que nos apretujan la vida.

Dejé el lugar con una alegría íntima cuya causa se debía a tres factores:
1º. El trabajo originado por una mujer, Isabel Coixet, nos exhortaba a hacer piña para congregarnos en espacio abierto (de noche cubierta de perseidas, era agosto), como son los placenteros cines de verano (el cine Rosales calasparreño  hizo una siembra que sigue enraizada en mi memoria). Gracias a la directora, y a las actrices y actores que le dan vida, por esta bella y tierna historia de amor sobre libros, sobre la intensa amistad que se va tejiendo caldeada por la literatura. Hermosa y delicada adaptación de la novela de Penelope Fitzgerald.
2º. La de comprender, una vez más, que  el cine (y la literatura) nos movían porque nos conmovían a tanta gente allí reunida, la que esperábamos fuera y la que ya estaba dentro. Era un gusto estar allí, y no importaba la hora ni el plantón. No importaba haber ido temprano para no llegar a entrar. Íbamos a ver una película de emociones y teníamos ganas de descubrir hasta qué punto eran percibidas por los hombres y mujeres que apostamos aquella noche por el séptimo arte.
3ª La generada por el Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, con esa apuesta cultural incesante, pero que en estas semanas cinematográficas se hace más especial, con esa cuidada generosidad de sus programadores que proponen temas de calidad y de alta comunicación artística. Siendo capaces de esta y tantas expectantes convocatorias.
La apuestas culturales en los pueblos, cuando nos convocan a los actos que nos ofrecen, tienen ese aldabón de fraternal cita que nos hace sentir que la vida también es noble y bella, de asequible gozo compartido.
Felicidades, y Gracias,  por 30 Semanas Mágicas de Cine.

                                                                   © Rosa Campos Gómez











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